lunes, 2 de abril de 2018

UN DÍA CON UN CUIDADOR DE UN ADULTO MAYOR

Por: José Manuel Ríos
Ciudad de México. (Aunam).- Desde hace unos años, Bertha Moreno ya no se puede valer por sí sola. Su salud se volvió delicada desde que tenía 60 años a causa de diversas enfermedades como la diabetes y la hipertensión, todo empeoró cuando a sus 72 años tuvo una fractura en su cadera. A causa de esto, ha tenido diferentes cirugías las cuales han debilitado su calidad de vida. En la actualidad, está a punto de cumplir 75 años y desde hace más de un año y medio, tuvo que mudarse con sus hijos que viven en la provincia para no estar sola gran parte del día y para ser auxiliada en el tratamiento de sus enfermedades.


Primero estuvo con su hijo mayor que vive en Chiapas en donde dos enfermeros le ayudaban; luego fue con su hijo menor a Tijuana para ser cuidada por su consuegra; finalmente llegó a León, Guanajuato desde hace unos meses y pasó por una mala experiencia con una cuidadora antes de encontrar a la persona que actualmente supervisa su salud en el día a día. Bertha vive actualmente con su hija menor, con su yerno y la mascota, un perro llamado Orfeo. Esta es la historia de Bertha y de su cuidadora, Martina, quien la acompaña las mañanas y las tardes mientras los demás miembros de la familia salen a trabajar.

Otra jornada normal para Martina

Martina Beltrán tiene 47 años y es originaria de León, Guanajuato, región del Bajío en donde la gente afirma que “la vida no vale nada”. Desde enero de 2017 ayuda a Bertha a realizar sus actividades diarias entre semana; los sábados y domingos vende buñuelos en su colonia. A Martina no le gusta ser conocida por su nombre, prefiere que la llamen Martha. Su familia se compone por un esposo que trabaja como vigilante para una empresa de papel, un hijo de 23 años que no estudia ni trabaja y dos nietas que su único hijo tuvo con su expareja.

Las niñas tienen seis y tres años, son la adoración de su abuela, ella es la encargada de ver por las pequeñas porque su hijo aún no se responsabiliza de ellas. Antes de que comience su jornada de trabajo con Bertha, Martina se encarga de llevar a sus nietas a la escuela y las hace sentir queridas, “yo las amo y son lo más importante para mí, me gusta acompañarlas y ser parte de su vida”, afirma.

Después de cumplir con las obligaciones que tiene en su rol dentro de su familia, Martha se dirige a supervisar a su paciente. “Me agrada que el lugar me queda cerca de la escuela de mis nietas, eso facilita un poco las cosas. Sólo debo cruzar una avenida y caminar unos 15 minutos para llegar a la casa con Bertha”, menciona. Llega cada mañana a las 8:30 y se va a las 6:30 de la tarde después de haber hecho varias actividades en la casa que se encuentra en una zona conocida como “El Mayorazgo”, la cual está cerca de la salida a la carretera León-Silao.

Las labores que día a día realiza Martha son muy funcionales para Bertha porque no sólo ayuda a inyectarle su dosis matutina de insulina o le realiza la toma de glucosa, sino que también hace actividades del hogar como cocinar o coser alguna prenda rota de su paciente. Algo curioso, es que no es una enfermera de profesión, pero desde hace varios años ha cuidado gente enferma y se ha formado en el oficio conforme ha pasado el tiempo. Tiene un trato cercano con la gente que cuida y con cada familia con la que convive.

Sobre lo que más se le dificultaba al inicio en su trabajo, Martha menciona “al inicio lo que más se me complicaba era tener que inyectar a Bertha cada mañana, porque no me gusta ver que le duele algo y a veces su brazo está muy sensible y es inevitable que siente dolor con el piquete”.

Hoy en día, Martha todavía tiene algunas situaciones que no se le hacen fáciles y las ha aprendido con el paso del tiempo. Por ejemplo, ella dice que: “algo que todavía me causa temor es cuando Bertha se tiene que bañar porque tengo que llevarla en la silla de ruedas y bajar un escalón para que ella pueda llegar al patio donde se asea porque abajo no hay baño con regadera. A las 12 del mediodía le preparo su agua caliente para que no tenga frío al momento de bañarse y trato de ayudarle para que acabe pronto y no se enfríe su cuerpo”. Algo importante es que Bertha sólo está en la planta baja de la casa porque ya no puede subir escaleras y camina muy poco con andadera, casi todo el tiempo ocupa una silla de ruedas la cual facilita sus movimientos en casa.

Por otra parte, lo que más le gusta a Martha de ser cuidadora es que gracias a este empleo, ha podido tener un ingreso extra para lograr mayor estabilidad financiera en su familia, además de sentirse cómoda con la familia que ayuda con su servicio. Cada semana gana mil 500 pesos, lo que la lleva a recibir seis mil pesos al mes por cuidar a Bertha.

Una relación construida con amor

Martha y Bertha se han convertido en amigas porque conviven gran parte de su día. Les agrada pasarla bien dentro de todos los males que puedan existir en la vida de cada una, en los momentos en que están juntas por las mañanas, les agrada poner música y escuchar a Juan Gabriel y Vicente Fernández, eso las mantiene con el ánimo arriba.

La entrevistada llegó a su actual trabajo por recomendación de una de sus vecinas, Rosario, quien en el pasado era la ayudante de Bertha. Rosario trabajó con ella durante los meses de agosto a diciembre de 2016, pero tuvo que dejar el empleo porque dejó de sentirse cómoda y en opinión de Bertha: “ella cambió mucho, al inicio era amable pero poco a poco comenzó a ser grosera y dejó de ayudarme hasta el nivel de ignorarme”. Esa fue la razón que llevó a la familia a buscar a otra persona y por tal motivo, Martha llegó a cambiar la vida de la mujer enferma con amor y paciencia.

Sin importar del tiempo que tengan que pasar juntas, la cuidadora afirma que le hace feliz ver a Bertha cuando no adolece por la enfermedad, por eso trata de siempre tener una relación cordial y amistosa. Martha menciona finalmente: “A veces ella me cuenta de su familia y yo también le cuento de la mía, somos compañeras entre semana y platicar sobre lo que nos pasa nos hace reír y nos ayuda a aconsejarnos. Todos necesitamos una compañía y al menos por un tiempo, yo soy la suya”.
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