lunes, 29 de enero de 2018

"SI REPRESENTO A LA UNIVERSIDAD, TENGO QUE SER EL MEJOR": PORFIRIO TOLEDO

Por Natalia Castrejón
Ciudad de México, (Aunam). Hombre que en sus palabras realiza el mejor trabajo en el mundo: ser maestro. Amante del conocimiento, cuya vida ha estado involucrada con el mundo del trabajo, Porfirio Toledo Delgado habla de lo indescifrable de la vida y como la docencia ha estado y sigue presente en su vida.


Su piel brillante y bien cuidada, y el atuendo impecable, con aires de rebeldía veterana, no delatan su edad. En el momento de la entrevista unas botas relucientes, pantalón negro, cinturón piteado y chamarra de cuero son parte de su atuendo. Su cabello peinado hacia atrás, con ligeras líneas marcadas, deja ver el paso cuidadoso de un peine. Una pequeña melena cae por su cuello, justo bajo el pañuelo con estampado de paliacate que añade un toque elegante a su apariencia.

Con la puntualidad que lo caracteriza, Porfirio Toledo está listo a la hora y día acordados para realizar la entrevista. Nos dirigimos a la sala de profesores de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPyS) de la UNAM y en el camino nos detuvimos para que él saludara, con notable afecto, a algunos alumnos y profesores. Ello da una idea de cuán conocido es en esta facultad; sus 27 años de experiencia lo avalan.

Buscando luchar por las causas sociales

Nació en Los Mochis, Sinaloa, aunque se siente más identificado con Tepatitlán de Morelos, Jalisco, ahí “donde la gente es muy empática”. Debido al trabajo de su padre en el Banco Nacional de Crédito Ejidal, Porfirio vivió en diferentes estados del país hasta que al final su familia se estableció en la Ciudad de México. Su infancia la pasó en una casa casi en ruinas donde era común oír música por las noches, pues estaba detrás del California Dancing Club. “Señoras y señores, Anselmo y su danzonera”, recuerda con una sonrisa en los labios.

Asistió a la primaria Pedro María Anaya, en la Colonia Portales, misma donde estudió Carlos Monsiváis, un genio a quien Porfirio Toledo le hubiera gustado preguntarle cómo había sido su vida en las aulas porque, por lo general, los genios sienten que las escuelas son cárceles ya que hay mucha disciplina y los profesores no los entienden.

Pasado el tiempo, cuando Toledo salió de la secundaria, tenía claro que quería insertarse en luchas de carácter social, por lo que buscó ingresar a algún grupo de juventud comunista. Entre risas cuenta que no había podido encontrar a dichos grupos, pues estaban en la clandestinidad, hasta que por casualidad escuchó en una parada de camión a unos miembros de la Juventud Obrera de la Confederación Revolucionaria de Obreros y Campesinos (CROC) del entonces Distrito Federal.

En aquel lugar expresó, sin miedo, su interés por colaborar con ellos y así fue como empezó su participación en el mundo del trabajo. Su primera experiencia fue repartir volantes en panaderías, muy temprano en la madrugada, donde pudo ver que la gente no podía parar de trabajar al mismo tiempo que luchaba por causas sociales.

El mejor trabajo que puede desempañar un ser humano

Porfirio Toledo es claro al decir que desde chico se interesó por la docencia. Platica con alegría que cuando jugaba a la escuelita con sus hermanas, él luego pedía ser el profesor. Sus ganas de ser maestro se avivaron pues tuvo la fortuna de que sus profesores fueran progresistas.

Ser maestro es algo que le gusta y le apasiona; trabajar con jóvenes lo revitaliza. La enseñanza puede ser un empleo modesto y humilde, pero en opinión del entrevistado es el mejor trabajo que puede desempeñar un ser humano porque en el aula se vive la experiencia de la vida y el conocimiento, y porque a través de ésta se conquista la libertad del espíritu.

Porfirio es un maestro abierto a las críticas de sus alumnos; cree que a los estudiantes hay que cuidarlos, arroparlos, no aplastarlos, y hay que darles los elementos necesarios para que se desarrollen.

La primera experiencia de Toledo Delgado como profesor fue cuando unos jóvenes del Politécnico le pidieron ayuda para recibir clases en la Preparatoria Popular Tacuba. En ese entonces, Porfirio aún era estudiante de Derecho. Accedió a dar lecciones pues le gustó que los jóvenes en lugar de llorar el problema, plantearan soluciones. El profesor consideró admirable el hecho de que tomaran esas instalaciones de la UNAM, construyeran su escuela y pidiera ayuda a estudiantes de distintas facultades para que les dieran clases.

"¿O te vas al bote o te vas a Cuba?"

En una ocasión, mientras Porfirio daba clases en la preparatoria Tacuba, uno de sus alumnos le dijo que unas personas querían hablar con él. El profesor accedió a encontrarse con ellos. Misteriosamente lo hicieron esperar en una fonda en la calzada México-Tacuba. En el lugar lo esperaban miembros de la Liga Comunista 23 de Septiembre, quienes buscaban su opinión pues tenían problemas internos en la organización.

A partir de ese momento, en el locker que tenía en la preparatoria aparecieron, entre otros, el periódico clandestino Madera y los documentos internos de discusión de la organización.

Con un tono de seriedad que inunda la conversación, el entrevistado cuenta que tomaba dichos documentos, los leía y se mantenía atento. Afirma que no mantenía otro tipo de relación, pues él no estaba en realidad involucrado con la liga.

Sin embargo, una orden de aprehensión fue dictada en su contra. Porfirio cree que varios miembros de la Liga Comunista 23 de septiembre fueron aprehendidos por la policía y, mientras eran torturados, dieron su nombre. Esta amenaza lo obligó a tomar una decisión.

“Oye, te van a meter al bote porque dicen que estás involucrado con la Liga. O te vas al bote o te vas a Cuba”, le advirtieron. Y así fue como Porfirio llegó a Cuba, nada más “a perder el tiempo”, patrocinado por el Movimiento de Acción y Unidad Socialista, del cual formaba parte.

El tiempo pasó, pero para Porfirio aún no era posible regresar a México, así que surgió la interrogante. ¿Regresar en el mismo bote o irse a Moscú a estudiar economía política? A pesar de que viajar a Europa no estaba en sus planes, terminó por irse.

Porfirio Toledo le tiene miedo a muy pocas cosas. Una de ellas es el fracaso, por lo que se torna obsesivo cuando se compromete con alguna obra o meta. Por ello, ni la compañera española que lo impresionó a su llegada a la Unión Soviética evitó que se entregara de lleno a los libros y cumpliera el propósito de su viaje a Moscú: estudiar y ser un alumno “de a de veras”.

A pesar de estar en los huesos por el estrés que acumuló durante sus estudios, Porfirio no hizo quedar mal a la organización que lo había mandado a tierras soviéticas, pues el entrevistado logró ser el mejor estudiante y jefe del grupo de los alumnos provenientes de Latinoamérica.

A Toledo Delgado lo absorbió el mundo de los sindicatos y la cuestión política de izquierda, “más bien ultraizquierda”, contó entre risas. El poder lo cautivó por lo que se olvidó de dar clases por un tiempo. Por más de 20 años se desempeñó como asesor jurídico de muchos sindicatos, como el de la industria de la madera en la zona purépecha de Pátzcuaro, Michoacán.

Su trabajo le permitió recorrer todos los estados del país, a los cuales considera nuestra mayor riqueza pues cada uno de ellos supone un mosaico de cultura.

La depresión moral conduce a los jóvenes a la ignorancia

Cuando el mundo cambia, asevera, las formas de concebirlo también; es imposible regresar a lo antiguo porque se cae una forma de entender al mundo. “La sociedad mundial se desideologizó, el pensamiento de Estados Unidos quedó como pensamiento único y el modelo neoliberal levantó como un Dios al mercado [...], un Dios que es justo y que es el encargado de regular la vida de las sociedades”, define Porfirio cuando habla sobre la caída del comunismo.

En tono serio y con voz fuerte, Toledo Delgado asegura que el ultraindividualismo provocado por esta desideologización ha llevado al egoísmo total de la sociedad, que ha traído una soledad que se refleja en las aulas.

Hoy Porfirio Toledo ve en los jóvenes una depresión moral que los ha conducido a la no lectura, la no discusión, al no amor por el conocimiento, al no querer saber. El profesor atribuye esta desgana a que los estudiantes saben de antemano que, a pesar de estar en un aula universitaria, nada les garantiza su futuro.

Para el entrevistado una muestra del fracaso del sistema educativo en México es que los jóvenes lleguen a las aulas universitarias sin que tengan el grado de conocimiento necesario. El profesor califica a estos estudiantes como niños de sexto de primaria que no entienden lo que leen y tienen la actitud de “no sé, pero tampoco quiero saber”.

El conocimiento es el camino de la libertad

Para Porfirio, la grandeza del ser humano reside en su capacidad para discernir y conocerse a sí mismo y al mundo, por lo cual cree que el peor crimen que hay es que un sistema no garantice que sus habitantes tengan los alimentos mínimos indispensables para desarrollar sus potencialidades físicas y psíquicas en equilibrio.

Para el académico, son privilegiadas las personas que pueden escoger su carrera porque se pueden dedicar a lo que les gusta, a un trabajo libre y creador que los construya y les permita reivindicarse como personas útiles para la sociedad; porque son personas que no hacen un trabajo enajenado ni mecánico y que son conscientes del rol que tienen en el mundo.

El maestro Porfirio Toledo considera que hace falta orientación vocacional que encauce a las personas hacia la explotación de su inteligencia y habilidades porque es desafortunado que los jóvenes elijan sus profesiones por descarte, ya que no conocen las opciones educativas que están a su alcance y con las cuales podrían encontrar un sentido a su vida.

No lloremos los problemas

Que los estudiantes repliquen trabajos existentes, desde la primaria hasta la universidad “es algo verdaderamente terrible y tiene que lucharse en las aulas por ello”, opinó el profesor Porfirio Toledo.

El entrevistado es de las personas que no lloran los problemas, los solucionan. Para ello se requiere de un esfuerzo de lectura, comprensión y discusión pues es esta última la que conduce a un pensamiento complejo. Los maestros deben enseñar a los estudiantes a manejar flujos de información para que a partir de ellos construyan conocimiento.

Opinó que hay que alentar a los estudiantes a cambiar su actitud y eso es una cuestión de voluntad. “Los jóvenes deben ser conscientes [...] queremos estudiantes de a de veras”, alumnos con conciencia para exigir a quien les dé clases que llenen sus expectativas, expresó.

Nacer de nuevo

Para Toledo Delgado, la UNAM da la posibilidad de que al ingresar, sus alumnos nazcan de nuevo, no de forma material sino en espíritu, con lo cual se vuelven personas libres; sus almas son sacadas de la casa de la muerte, de la casa de la ignorancia y son conducidas por el conocimiento a la luz de la vida con sentido existencial.

Es vital entonces que los estudiantes recuperen el amor y orgullo de ser Puma para asumir responsabilidad, para volver a sentir que la Universidad Nacional Autónoma de México es su madre y, en consecuencia, no le fallen.

“Ahí donde voy yo, está la universidad y si yo la represento, tengo que ser el mejor”, dice contundentemente el profesor.

Desde su perspectiva, los jóvenes necesitan expectativas de querer saber, de volver a ser auténticos. Son ellos quienes pueden salvar a la facultad, a la educación, a la universidad. Él confía en los jóvenes.

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