lunes, 22 de enero de 2018

PROTESTAN DEPORTADOS CONTRA LA POLÍTICA ANTIINMIGRANTE DE TRUMP

  • Voy a regresar a Estados Unidos con la frente en alto: Gustavo Lavariega.

Por Diego Caso
Ciudad de México, (Aunam). En el aniversario del inicio de la presidencia de Donald Trump, el colectivo Deportados Unidos en la Lucha (DUL) realizó una instalación frente a la Embajada de los Estados Unidos para protestar por la agresiva política antiinmigrante impuesta por el republicano desde su llegada a la Casa Blanca.


Mensajes como 45, you´re racist (Presidente 45, eres un racista) o Inmigrants make America (Los inmigrantes hacen a los Estados Unidos), fueron colocados sobre los “costales de la vergüenza” en los cuales los deportados tienen que colocar sus pertenencias si no cuentan con una maleta o mochila para ello.

Con esta instalación sobre el Paseo de la Reforma, DUL criticaron el actuar del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas en los Estados Unidos (ICE, por sus siglas en inglés), quienes han deportado a compatriotas sin antecedentes penales y que llevaban décadas trabajando en el vecino del norte.

De acuerdo con el ICE, el número de arrestos llevados a cabo entre enero y septiembre de 2017 aumentó un 40 por ciento comparado con el mismo periodo en el año anterior. Organizaciones defensoras de los Derechos Humanos han subrayado que muchas de estas detenciones se realizan contra personas que tienen ya una conexión muy fuerte con Estados Unidos por razones familiares o de trabajo.

Este es el caso de Efraín González de San Luis Potosí, quien llevaba 16 años trabajando en la industria de la construcción en Atlanta, Georgia. Él es un ejemplo de la forma en la que el ICE opera ahora para deportar más inmigrantes.

“El ICE me deportó con el pretexto de andar buscando a otra persona. Llegan a tu casa, tocan y llevan un nombre, una foto y te dicen ‘¿Conoces a esta persona?’ y ya les dices no, y entonces te preguntan ‘¿Tú eres ciudadano americano?’, les dije que no y me detuvieron”, comenta.

En el caso de Gustavo Lavariega, quien vivía en el estado de Washington desde hace 17 años, el ICE lo arrestó luego de que inició los trámites para dar de alta su negocio: una compañía de pintura.

“En el estado de Washington son muy racistas. El ICE está trabajando casi con todo mundo: con cárceles del condado, con hospitales, con dependencias, con el seguro social, entonces en los trámites que yo inicié pues ellos checaron vieron mi nombre, un nombre hispano […], al azar los escogen y pues les dan un seguimiento. Checan o detectan que uno no tiene papeles y pues ese fue mi caso”.

Un día, cuando salía de su casa para ir al trabajo, tres patrullas del ICE lo arrestaron con una orden firmada ya por un juez de migración para deportarlo a su país de origen, dejando atrás a su familia y a sus cuatro hijas.

No pedimos dinero, pedimos trabajo

Gustavo Lavariega

Efraín llegó a la Ciudad de México el 2 de noviembre de 2017. Sin más familia que unos “hijos de los hijos de unos primos” en Matamoros, Tamaulipas, se encontró con la necesidad de encontrar empleo en la capital del país, situación que mostró ser una tarea difícil.

“Nos quejamos de racismo en Estados Unidos, pero yo pienso que aquí somos más racistas. Yo ya tengo 43 años y busco un trabajo, [pero] te piden cinco documentos para darte un trabajo y como uno viene de allá no traes nada, ni un papel. La carta de repatriación que te da el consulado mexicano, que supuestamente te debe de servir para hacer los trámites que tú quieras mientras sacas tus papeles, vas al banco a activar una cuenta y no la conocen, vas a otro lugar a sacar tu INE tampoco, que esto no sirve para nada a pesar de que te lo da el gobierno”, explica.

Para Gustavo la situación ha sido similar. Después de haber llegado a la Ciudad de México en octubre de 2016, buscó empleos en los que pudiera hacer uso de sus conocimientos adquiridos en Estados Unidos, pero su edad (43 años) fue un impedimento.

A pesar de contar con el General Equivalency Development (GED), un certificado equivalente al de preparatoria obtenido durante su encierro de 23 meses en los centros de detención, ninguno de las dependencias públicas a las que acudió a pedir empleo quiso validarlo.

“Ellos me exigían un certificado de preparatoria, les enseño un certificado en inglés y me dicen ‘esto y nada, para mi, es lo mismo porque viene en inglés y no entiendo inglés, no tiene validez’. El certificado es oficial, tiene sellos, pero te rechazan, no te comprenden, no tienen la sensibilidad”.
Efraín, Gustavo y muchos de los deportados buscan la oportunidad de reinsertarse a una sociedad de forma activa. “No pedimos donaciones, no pedimos dinero, pedimos que nos den trabajo para poder salir adelante”, explicó Gustavo.

Deportados Brand, una alternativa de empleo

Efraín González

La falta de oportunidades condujó a Gustavo a buscar el autoempleo. Con un apoyo de la Secretaría del Trabajo para proyectos productivos inició Deportados Brand, un taller de serigrafía donde se imprimen playeras, gorras, tazas y vasos.

Ubicado en Eligio Ancona 210, este negocio está conformado por personas deportadas recientemente. Por regla de los proyectos productivos, no puede haber más de cinco personas inscritas en este taller, por lo que Deportados Unidos en la Lucha trata de enseñar a cada persona que regresa a México cómo lograr la reinserción laboral a través del autoempleo.

Para Lavariega, “[los deportados] ya logramos el sueño americano, mal que bien aprendimos otro idioma, nos educamos un poco, aprendimos oficios, que mejor que con lo que aprendimos, con lo que traemos nuevo, hagamos el sueño mexicano, lograr nuestro sueño mexicano ya que un día no lo logramos’”.

Los repatriados buscan reunirse de nueva cuenta con sus familias. En el caso de Gustavo, después de su detención, sus hijas Iris, Itzel, Alondra y Alexia han asistido a terapias pues lloraban en la escuela al saber que su papá iba a ser deportado a México. Los videochats han suplantado el contacto diario, pero él confía en que esta situación terminará:

“Quiero regresar a Estados Unidos con la frente en alto. Por eso mi propósito es tener una vivienda digna, tener un negocio y tener lo que se pueda para poder obtener una visa o un permiso y poder demostrarle a las personas que regreso, y regreso con la frente en alto”.




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